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Cuando los propósitos se acumulan

Ya estamos en 2017, y es muy común que así como las personas se planteen objetivos, las autoridades nos revelen los proyectos que pretenden perseguira. Pero es muy difícil hablar de los propósitos para 2017, cuando seguimos con una larga lista sin cumplir de los años anteriores.

Poco o casi nada se avanzó en 2016, el cual  iniciamos con una propuesta para la tan postergada reforma del sistema de pensiones. Sin embargo, al poco tiempo esta fue descartada e incluso negada por las autoridades que la presentaron, alegando que la propuesta simplemente era un borrador de la misma. No obstante, la propuesta final nunca vio la luz y se detuvo la discusión. Y la campaña sucia de desprestigio y desinformación llevada a cabo por la oposición, ha logrado enterrar cualquier nueva discusión, al punto que se ha convertido en un tabú hablar de la misma.

En algún momento a mediados de año se anunció el que parecía el proyecto insignia del gobierno para el presente año, el cual buscaba dar un apoyo económico para los jóvenes que no estudian ni trabajan. Tergiversado por muchos medios de comunicación e insuficientemente explicado por las autoridades, lo que sumado a las grandes carencias de liquidez que ya se vislumbraba, poco se sabe de su puesta en marcha.

Los mil doscientos millones de endeudamiento entrampados desde 2015, tuvieron su veredicto final y fueron declarados inconstitucionales. Mientras que la búsqueda de nuevas colocaciones fue un calvario, que de no ser por los USD500 millones aprobados recientemente, podríamos haber cerrado el año con una crisis de impago. No obstante, esa aprobación dista mucho de resolver los problemas de las finanzas públicas para el año venidero.

De momento un acuerdo con el FMI, es la llave para lograr una aprobación adicional de endeudamiento, pero a la discusión le espera un largo y tumultuoso camino que puede terminar desembocando en un lapidario político para el FMLN, como lo puede ser un aumento del IVA, en un año preelectoral. Pero aún así, dicho acuerdo a puerta cerradas seguirá sin resolver los problemas de la política fiscal del país, y muy probablemente solo buscará resolver la crisis de iliquidez.

Tal parece que el nudo ciego de la política fiscal salvadoreña no parece ceder, y en su lugar se está enmarañando aún más por la falta de visión de Estado de ambos bandos políticos de turno. Muestra de ello es la ausencia de aprobación de un presupuesto para 2017, que en lugar de plantear nuevas soluciones a la problemática que enfrenta la población, se les recetará la misma e ineficiente medicina del año anterior.

Y esto simplemente por hablar de las necesidades que se van acumulando y que atañan lo fiscal. Pero la lista se acrecienta cuando hablamos de cambio climático, ley de aguas, ley de ordenamiento territorial, alivio de la violencia, entre otros. Mientras que el mundo se prepara para nuevos retos, en nuestro país seguimos sin resolver los actuales.

Durante 2017, se cumplirán veinticinco años de la firma de los acuerdos de paz. Dicho evento marcó el renacimiento de la democracia en nuestro país. Pero en lugar de avanzar como sociedad estamos retrocediendo a casi los mismos niveles que motivaron el conflicto, y no podemos darnos el lujo de seguir retrocediendo o de esperar otros veinticinco años. Algo tiene que cambiar, porque no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista.