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¿Sr. Presidente: y el apoyo a la SAT?

De acuerdo al FMI, Guatemala es el cuarto país del mundo con menos ingresos públicos; las proyecciones indican que hacia 2021 ocupará el tercer lugar, apenas por encima de Nigeria y Sudán; por ello hay una urgente necesidad de dotar al Estado de más recursos, pero también, de administrarlos sin corrupción, sin privilegios, con calidad y transparencia y sobre todo eficaz y eficientemente.

La baja carga tributaria de Guatemala no implica necesariamente que todos los guatemaltecos paguemos pocos impuestos.  Gran parte de la explicación se encuentra en el aprovechamiento de mecanismos “legales” o ilegales, por algunos habitantes para evitar el pago de impuestos que les corresponde y por ende el peso de la tributación se traslada a los grupos que pueden eludir en menor dimensión la carga fiscal.

Los dos grandes focos de pérdida tributaria son los gastos tributarios y la evasión tributaria, y la responsabilidad de administrar ambos es de la Superintendencia de Administración Tributaria. Esta con las limitaciones derivadas del proceso de reestructuración para recuperar sus capacidades, ha hecho un esfuerzo grande para tratar de trasladar a la sociedad la percepción del riesgo que implica el no cumplimiento de las obligaciones tributarias.  El mensaje de la SAT ha sido claro, hay que pagar los impuestos que corresponde o de lo contrario se aplicará la Ley, no importando quién sea el contribuyente o sus nexos.  

Lamentablemente parece que los asesores directos del Presidente no entienden que para que el sistema fiscal sea sano, las señales de todo el Ejecutivo deben ir en el mismo sentido, por lo que no es apropiado contradecir el esfuerzo de las autoridades tributarias.  La decisión del gobierno de autorizar exoneraciones de multas y recargos a contribuyentes que fueron detectados en anomalías fiscales por las acciones de la auditoría de la SAT y la decisión, hasta este momento, de no publicar los nombres de los beneficiados, no solo atenta contra la moral tributaria, sino es un serio revés a los esfuerzos de la SAT por hacer creíble el mensaje de su trabajo, además de ir en contra de la transparencia que ofrecen las autoridades fiscales del Ejecutivo.

Para aquellos contribuyentes que cumplen a cabalidad con el pago de sus impuestos, respetando la Ley, a pesar de los esfuerzos que representa, la acción del Presidente es simplemente un mensaje de que: no importa pagar bien y a tiempo… porque si hay buenos “conectes” siempre las sanciones serán perdonadas…   Obviamente esta decisión tendrá un fuerte impacto sobre la moral del buen contribuyente.

Además, y utilizando expresiones del propio Presidente respecto de que si queremos una buena justicia debemos pagarla y no estar dependiendo de las donaciones de los países amigos, pregunto: ¿Cómo le explicamos a los guatemaltecos que solo deben pagar algunos y que aquellos que no cumplan, siempre encontrarán el perdón a sus infracciones por parte de quien manda el mensaje?  O ¿Cómo le explicamos a los guatemaltecos que será necesaria una reforma tributaria para financiar el funcionamiento del gobierno, cuando el mismo Presidente le perdona las sanciones a aquellos que no cumplen?  Y peor aún… ¿Cómo le explicamos al guatemalteco común que debe pagar impuestos para financiar aumentos al presupuesto del ejército –eso buscan los diputados oficiales- cuando hay contribuyentes que gozan de beneficios de tener buenos contactos con la presidencia?

La decisión de exonerar multas a los infractores es un grave atentado a la moral tributaria y al trabajo que ha venido realizando la SAT y tendrá impactos posteriores en los intentos por promover reformas tributarias, por lo que estas acciones debieran ser analizadas con más detenimiento por los asesores del Presidente para orientarlo en forma apropiada, sobre las cosas que necesita Guatemala para salir adelante.