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Silvia Rodríguez, una servidora pública a favor de la vida

En Guatemala se sufre de numerosos rezagos sociales. Muchos de estos en el sistema de salud. Los ejemplos son incontables. No obstante, la mortalidad materna -113 muertes de madres por cada 100 mil nacidos vivos- es uno de los que más impacto tienen en nuestra sociedad.

Pero aún en la noche más oscura, alguna luz brilla. En el distrito municipal de salud de Guineales -en Santa Catarina Ixtahuacán, Sololá- no hubo que lamentar ninguna muerte materna entre 2007 y 2013. Y en los años siguientes se mantienen resultados positivos, aunque lamentablemente se ha perdido la vida de madres valiosas por causas vinculadas a la pobreza y al deterioro general que ha sufrido el sistema de salud en los últimos tres años.

Guineales no es pequeño, ni ajeno a la exclusión: cuenta con una población de más de 69 mil habitantes. La mayoría en pobreza, sin educación y con poco acceso a bienes públicos. Sin embargo, en este distrito municipal de salud, el trabajo de la doctora Silvia Rodríguez, médico y directora del distrito de salud de Guineales, ha sido singular.

Junto con su equipo de trabajo -107 personas entre médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, técnicos en salud rural y personal administrativo- lleva dieciséis años viviendo y trabajando en la implementación de una novedosa modalidad de atención integral de salud, dirigido al primer nivel de atención. Esta modalidad no atiende solamente desde un enfoque de individuos, sino que implementa modalidades de atención dirigidos a la familia y a la comunidad.

Otro de sus enfoques es el de salud preventiva y de promoción de la salud, que va más allá del tradicional enfoque orientado simplemente a curar enfermedades. Pero estos enfoques también implican que el trabajo no debe de reducirse a lo que ocurre dentro de las instalaciones de salud. Para la doctora Rodríguez, la clave de los buenos resultados obtenidos «es la atención extramuros que realiza su equipo, en el que se hacen visitas puntuales para atender a pacientes que no pueden ir a la unidad de salud».

Las 37 auxiliares de enfermería (mujeres k’iche’ de la localidad) llegan a las casas cada mes para realizar controles a las mujeres embarazadas y controles de crecimiento de las niñas y niños; pero también revisan a mujeres y hombres, de todas las edades, con enfermedades crónicas y degenerativas como la diabetes y la artritis. También se verifica a los hogares por riesgos de violencia intrafamiliar, riesgos ambientales -malaria, dengue, chikungunya- y otros riesgos propios de las características del lugar -tuberculosis-, alejándose así de enfoques que divorcian a la salud del derecho, como aquellos en los que solo se atiende a las mujeres cuando son madres, y a las niñas y los niños menores de cinco años cuando están desnutridos o tienen alguna enfermedad específica.

La doctora Rodríguez, además de sus labores directivas, realiza visitas programadas a las mujeres en el noveno mes de embarazo, por ser el mes cuando se requiere mayor atención médica especializada; para ello, la doctora aprendió el idioma k’iche’. Pero no todo es luz y gloria, su distrito de salud, al igual que todos a nivel nacional, sufre de falta de insumos y atrasos de hasta seis meses en el pago de la planilla. Para ella no es ajeno poner de sus propios recursos para saldar los déficits.

Para funcionar exitosamente, se necesita además de salubristas responsables y el involucramiento e inmersión total de la comunidad. Los Cocodes son parte esencial de la organización en pro de la salud de la comunidad. Las comadronas y los terapeutas mayas son reconocidos plenamente, y se promueve que el sistema de salud local funcione en coordinación con ellos. Los puestos de salud, centros de salud e inclusive los hogares cuentan con huertos de plantas medicinales que se comparten entre miembros de la comunidad. A través de esto, la práctica biomédica de la doctora y su equipo es constantemente enriquecida por los conocimientos ancestrales del área.

Lo más impresionante de todo, es que la doctora Rodríguez trabaja con el mismo presupuesto que se asigna a distritos de salud similares, e inclusive, con costos menores; pues se atiende a todas las personas, en todas sus edades y para todas las enfermedades.

Los logros alcanzados en el Distrito de Salud No. 10 de Guineales son además la muestra del liderazgo, la entrega y la visión de una doctora que creyó y ha vivido para el cambio. Su práctica y su empeño constituyen la piedra angular para que la salud sea un derecho y no un privilegio. Por esta razón destacamos a la doctora Silvia Rodríguez como parte de nuestros #ServidoresConValor. 

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