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Fecha de la publicación: 
Miércoles, 25 Enero, 2017
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Centroamérica: Análisis Regional de la Inversión en Niñez

En los últimos quince años, la prosperidad económica de Centroamérica ha aumentado. El promedio del producto interno bruto (PIB) per cápita en términos del poder de paridad adquisitivo pasó de USD6,211.1 en 2000 a USD8,810.8 en 2013. A pesar del aumento, el crecimiento económico demostró una importante dispersión en los países. Mientras en 2013 en Panamá este indicador alcanzaba los USD 17,410.4, en Nicaragua fue de USD 4,307.4 Este auge económico ha permitido disminuir la pobreza en todos los países con excepción de Guatemala y Honduras, donde principalmente las políticas económicas están basadas en generar empleos de mala calidad a costa de exenciones fiscales.

Si la región tuviese un crecimiento económico inclusivo, este permitiría mejorar las condiciones de vida de 18.9 millones de niñas, niños y adolescentes centroamericanos.  Solamente de octubre de 2015 a septiembre de 2016 la patrulla fronteriza de Estados Unidos encontró 46,893 niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados. Esos vejámenes, son producto de un gasto público insuficiente y desigual. Por ejemplo, en 2013 un niño o niña costarricense recibió diariamente del Estado un promedio de USD4.91, para el cumplimiento de sus derechos mientras que en Guatemala cada niña o niño apenas recibió USD0.69 diarios.

Es importante reconocer que el gasto público debe ser eficiente, pues si bien el Estado panameño destinó al día en promedio USD4.32 para cada niña o niño, se han encontrado aumentos en la tasa de mortalidad de niños y niñas menores de cinco años, sobre todo en las comarcas indígenas. De igual manera es importante la equidad en el gasto público, mientras que en San Salvador el 100 por ciento de alumnos es beneficiario del programa “Vaso de leche”, en Usulután fue solo un 20 por ciento. Por su parte, la inversión pública en niñez debe ser sostenible y evitar casos como el hondureño, donde en 2016 se redujo cerca de un 1% del PIB respecto de 2015.

Mejorar el bienestar de millones de niñas, niños y adolescentes no depende solo de una mayor inversión pública sino de una inversión de calidad para cerrar de manera progresiva las brechas de desarrollo.