Lourdes Molina

Economista sénior
correo electrónico: lourdes.molina@icefi.org
El próximo domingo se realizarán las elecciones legislativas y municipales.
Hace una semana se inauguraron las oficinas de Google en El Salvador, de parte del gobierno esto se celebró con bombo y platillo, las cuentas gubernam
Pero vivimos en un país en el que la opacidad se ha hecho la norma.
Pasaron las elecciones, los resultados fueron los esperados y, en un par de meses asumirá funciones una nueva legislatura.
Somos un país distópico en materia de derechos humanos. Las vulneraciones y violaciones a los derechos de todas las personas están a la orden del día y todas las personas podemos ser víctimas.
A pesar de que según los funcionarios de turno vivimos en el mejor país del mundo, la realidad es que, en 2022, 500 mil de personas sufrieron desnutrición.
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El pasado 1 de mayo se celebró el Día internacional de las personas trabajadoras, en conmemoración del inicio de la huelga de sindicalistas estadounidenses que en 1886 exigía una jornada laboral de 8 horas. Una esperaría que después de 131 años, nuestras sociedades fueran plenamente conscientes del rol protagónico de la clase trabajadora dentro de la vida en sociedad; sin embargo y a pesar de las reivindicaciones logradas, aún persisten luchas por ganar, una de ellas es el derecho a un trabajo digno, que también implica una pensión digna.
Me encantaría vivir en el país que los funcionarios salvadoreños describen en sus declaraciones y presumen en redes sociales.
Los retrocesos y desafíos de transparencia también se evidencian en el ámbito de la fiscalidad.
La respuesta ante los desafíos de la administración pública no es desecharla y mucho menos sustituirla por lo privado, que pareciera ser la única alternat




