Lourdes Molina

Economista sénior
correo electrónico: lourdes.molina@icefi.org
Vivimos en un país en el que sus funcionarios, en lugar de conmemorar los Acuerdos de Paz, se dedican a atacar y desacreditar su valor histórico.
Un conductor que paga “mordida” para evitar una multa de tránsito; una funcionaria que acepta regalos de una empresa a cambio de “ayudarle” con la aprobación de un estudio de impacto ambiental;
Un dolor nada normal, una consulta médica, exámenes de laboratorio, ultrasonido.
Los países están discutiendo alternativas para fortalecer la forma en los que se cobran los impuestos.
El presupuesto público es nuestro, y es uno de los instrumentos de política pública más importantes para la vida de nuestro país.
El Salvador es un país insostenible, y en esta ocasión no me refiero a la polarización política o a los altos niveles de violencia e inseguridad; sino a un problema que aunque no acapara titulares también debería estar en la agenda de discusión. Hablo de la insostenibilidad ambiental.
Me encantaría vivir en el país que los funcionarios salvadoreños describen en sus declaraciones y presumen en redes sociales.




