
Año nuevo, mismos problemas
Las fiestas de Navidad y fin de año siempre son una excelente oportunidad para compartir con los seres queridos, recargar energías y reflexionar sobre lo que viene. Un período de tregua para plantearse propósitos para el año nuevo. Pero reconociendo que la realidad no se habrá transformado solo por cambiar de año.
Y esto sucede con los problemas del país. Un año nuevo llegó, pero los problemas económicos no han desaparecido. Se continuará con un modelo económico agotado, implementado desde la década de los noventa y continuado por gobiernos autoproclamados de izquierda, con tasas de crecimiento raquíticas, altos niveles de pobreza y exclusión. Modelo, que como quedó evidenciado con el anuncio del incremento del salario mínimo, funciona a costa de pagar bajos salarios. Por cierto, crisis no es que se suba el salario mínimo, a niveles insuficientes para cubrir el costo de la canasta básica ampliada; crisis es que para hacer negocios se necesite de privilegios fiscales y pagar salarios de hambre.
Además, se tendrá que hacer frente al año nuevo con el presupuesto del año viejo, lo que de por sí augura un Estado salvadoreño que seguirá en cuidados intensivos y donde la prioridad como dijera el propio Ministro Cáceres será no caer en “impago”, pero donde las aspiraciones al desarrollo las podemos ir colocando, desde ya, en la lista de los propósitos incumplidos al finalizar el año si no se revierte esta situación. Uno de los primeros retos de la Asamblea Legislativa, será entonces aprobar un presupuesto funcional, con todos los gastos incluidos, y que no precarice más la situación de la población salvadoreña.
Por si fuera poco, luego de las fotos, palmaditas de hombro y felicitaciones mutuas por haber logrado aprobar la Ley de Responsabilidad Fiscal para la Sostenibilidad de Finanzas Públicas y el Desarrollo Social, este año se deberán implementar las primeras medidas para cumplir lo estipulado en dicha ley. Estas medidas seguramente se plasmarán en el acuerdo que se logre con el FMI, a puertas cerradas, a espaldas de la población, como ha sido la dinámica histórica de las decisiones de gran envergadura.
Por lo que las palabras impago, iliquidez y crisis fiscal seguirán copando noticias en este año mientras no se logre concertar un acuerdo fiscal integral. La sociedad salvadoreña lleva toda la vida sacrificándose y esto no cambiará mientras la política fiscal no se ponga al servicio de toda la población, es decir mientras no se cuente con una política fiscal que garantice derechos, reduzca las desigualdades, promueva la democracia y fomente el desarrollo.
Pero este acuerdo fiscal integral se ve cuesta arriba si se toma en cuenta que este será un año preelectoral para las municipalidades y la Asamblea Legislativa. No obstante, eso mismo podría ser una gran oportunidad como sociedad.
Pues en este año es que aparecen los políticos en nuestras comunidades pidiendo el voto. Entonces, esta vez no hay que conformarse con los lapiceros, las gorras, los calendarios o las láminas. Exijámosles más. A nivel municipal habrá que pedir planes de gobierno local, con metas y costos. A nivel del Congreso, exijamos propuestas concretas sobre lucha contra la corrupción; mejora en bienes y servicios públicos; sostenibilidad y suficiencia de las finanzas públicas; reforma de pensiones; adaptación y mitigación frente al cambio climático; manejos de recursos naturales renovables y prohibición de minería; impulso del desarrollo rural; por poner algunos ejemplos.
Es decir, así como los propósitos personales no se van a lograr de forma espontánea, tampoco los cambios en la sociedad se darán hasta que nos involucremos en la construcción de lo colectivo. Y eso pasa por dialogar y lograr acuerdos. Estoy seguro que la construcción de un país donde se pueda tener acceso gratuito, universal y de calidad a la educación, salud y protección social no es una utopía sino un propósito que está en nuestras manos. Logremos como sociedad que este 2017 sea un mejor año. ¡Feliz año nuevo!





