La pregunta, es entonces hasta cuándo se puede seguir así, evadiendo la responsabilidad de lo que significa gobernar, de la obligación de crear empleos de calidad, de garantizar la educación, la salud, el agua, el empleo, la seguridad, la vivienda, el transporte y un gran etcétera.
Los actos de corrupción ocurren incluso en momentos de emergencia y tragedia; las personas corruptas, no tienen ni un ápice de decencia humana, e incluso en momentos de crisis se aprovechan de los recursos públicos en beneficio de sus intereses particulares. La historia de nuestro país nos lo ha demostrado con exfuncionarias y funcionarios señalados, y en algunos casos, juzgados por actos de corrupción: ni siquiera la silla presidencial se ha salvado de estar bajo el control de personas corruptas.
Desde hace años la calidad democrática de la mayoría de países en Centroamérica está en descomposición y preocupa que con ella se deterioren todavía más las condiciones de vida de la población.
Es natural que la mayor parte de la población guarde silencio o sea indiferente por el rompimiento del Estado de derecho el 1 de mayo, porque para ellos desde hace mucho que el Estado ha estado roto al no garantizarles sus derechos.
La deuda pública es una herramienta fiscal clave a la que todos los gobiernos pueden recurrir cuando los ingresos fiscales obtenidos no son suficientes para cubrir sus gastos, en El Salvador, por ejemplo, históricamente hemos tenido que recurrir a deuda para financiar nuestros presupuestos.
He vivido el mes de mayo en un Estado catatónico, sin poder creer lo fácil que es vilipendiar la democracia y cómo actos tan atroces son fácilmente justificables cuando se tiene a disposición una maquinaria propagandística.
Se anunció con bombo y platillos. Todo el pueblo estaba invitado a su fiesta. El momento había llegado y las caretas por fin se cayeron, no había porque disimular más.















