Es imposible ver cambios en beneficio de la población sin cambiar la política fiscal, porque la forma como se está manejando la crisis ha provocado que las finanzas públicas requieran de un respirador artificial.
En El Salvador, los datos sobre pobreza, desigualdad, violencia contra las mujeres, desempleo, migración, corrupción, entre otros, nos ofrecen un panorama deprimente ante el cual, el 15 de septiembre debería servir para reflexionar sobre el país que tenemos. A casi 200 años de haber logrado la independencia de la corona española, me pregunto, ¿qué hemos hecho mal para que encontrarnos en la situación actual?
La mayor parte de las actividades económicas han vuelto a reabrir, no fruto de la planificación sino de la inoperancia de los tomadores de decisión. La crisis política se encuentra en estos momentos en una fase muy peligrosa: la parálisis. La incapacidad de los Órganos del Estado de acordar una normativa que permitiera la gradualidad en la vuelta a las actividades económicas es solo un síntoma de una enfermedad mucho más grave. Nadie le apuesta al diálogo democrático ni a la negociación para resolver los problemas del país.
Los efectos de la pandemia de la COVID-19 sobre los resultados de las finanzas públicas aún se están percibiendo, y aun cuando 2020 no ha concluido, se estima que al final del presente año, la deuda pública del sector público no financiero (SPNF) de El Salvador oscilará en alrededor del 92.7 % del PIB, muy por encima de la recomendación que realizó el FMI en su evaluación de Artículo IV de mayo de 2019, en la que considera que el nivel seguro para El Salvador se ubica en 50.0 % del PIB. Por supuesto, que el salto significativo de la deuda en 2020 fue ocasionado por la conjunción de var
A pesar de la pandemia el mundo sigue girando, el tiempo sigue avanzando y hay procesos que no se detienen.
La crisis derivada de la Covid-19 es de carácter sistémico porque, entre otras razones, ha trastocado todas las estructuras socioeconómicas (Estado, mercado, familias y comunidad); ha exacerbado los problemas estructurales e históricos de nuestras sociedades (desigualdad, pobreza, desempleo, corrupción); y, ha venido a cuestionar los cimientos del orden socioeconómico actual, que, no solo es capitalista, sino que también es patriarcal.
La deuda pública de El Salvador, este año podría superar el 92% del PIB, es decir, de cada USD100 que se produzcan en todo el territorio nacional, USD92 ya se deberían. Aunque no es el único síntoma, sí es uno de los más significativos para reconocer que las finanzas públicas salvadoreñas están en cuidados intensivos.















